LA PRODUCCIÓN ALIMENTARIA EN TIEMPOS DE GUERRAS ECONÓMICAS Y MILITARES

NACIONALES E INTERNACIONALES

Por Carmelo Galindo

6/6/20267 min read

El Informe mundial sobre crisis alimentarias (ONU, 2025): reporta que más de 295 millones de personas de 53 países y territorios padecerán hambre, debido a conflictos, crisis económicas, fenómenos climáticos y desplazamientos forzosos.

Dependencia alimentaria (GCMA, JCA, 2026): en los últimos 8 años México pasó de producir el 53 por ciento de la demanda interna de maíz al 44 por ciento (la capacidad productiva de maíz decreció 9 puntos porcentuales), pero tendencia registro la producción de trigo al caer 14 por ciento, alcanzando a cubrir solamente 28 por ciento de la demanda nacional; asimismo, la producción de sorgo y frijol experimentarán caídas del 12 y 10 por ciento, respectivamente y; las importaciones de arroz rondan el 80 por ciento. Por otra parte, la mayor fortaleza del campo mexicano continúa siendo el aguacate, el agave, el café, el jitomate, la caña de azúcar y el limón.

En cárnicos (The Food, Tech, L.H., octubre, 2025): nuestro país, es tercer importador mundial sólo detrás de China y Japón; a partir del 2018, el consumo de carne creció casi 19 por ciento y las importaciones 37.7 por ciento; los principales proveedores son Estados Unidos con 79 por ciento y Brasil y Canadá con 8 por ciento cada uno. La razón del crecimiento de las importaciones es el acelerado aumento de la demanda interna frente a un modesto aumento de la industria ganadera con 2.5 por ciento anual. El año pasado, la producción nacional de cárnicos alcanzó los 8.1 millones de toneladas, producto del sacrificio de rumiantes, cerdos y aves y; las importaciones, en el 2025 alcanzaron los 3.1 millones de toneladas. Se pronostica que, a partir del 2027, la producción nacional de proteína animal sólo cubra el 60 por ciento de la demanda nacional.

LA PRODUCCIÓN ALIMENTARIA, ES UN DEBER IRRENUNCIABLE: sirvan los datos citados para vislumbrar los riesgos que representa, el hecho que los países, descuiden la producción de alimentos tal y como viene pasando en México; pues, se trata de bienes indispensables para todas las naciones tanto en tiempos de paz como en tiempos de guerras arancelarias y no arancelarias) y de conflictos armados; sobran las razones sociales y políticas para exigir a los gobernantes, asegurar primero el abasto de alimentos y agua en tiempos de paz, pero muy en especial, en tiempos de conflictos armados de corte regional e internacional.

Ucrania y oriente medio, representan el vivo ejemplo del valor estratégico que viene adquiriendo la producción agroalimentaria y asegurar el agua potable y el abasto interno de energéticos. Es tiempo, que México enfrente su dependencia alimentaria, ya que en granos y oleaginosas representa casi 56 por ciento, mientras que la de proteína se acerca rápidamente al 40 por ciento.

Otro elemento preocupante para México, es que Estados Unidos, su principal proveedor de alimentos y de insumos agropecuarios está abriendo una serie de conflictos militares con impactos impredecibles. Nada bueno, se puede esperar cuando tu socio y proveedor principal de alimentos e insumos está en guerras que parecen no tener fin a corto plazo; por otro lado, las exportaciones mexicanas esenciales para atraer divisas también se concentran en el mismo país. Ciertamente, otras oportunidades pueden generarse como el abasto de insumos y tecnologías esenciales para la guerra, sin embargo, si no se tiene capacidad productiva y manufacturera y mano de obra calificada, tampoco se aprovecharán dichas oportunidades.

En estas condiciones, los riesgos para asegurar el abasto de alimentos pueden ser un jalón de precios por incrementos de los precios del gas natural, fertilizantes, diésel, maquinaria, semillas, entre otros; sin olvidar, que las tasas de interés también se elevarán, encareciendo los créditos al sector productivo y, más los del sector agropecuario por ser de alto riesgo; finalmente, los precios al consumidor crecerán, reduciendo el acceso de los grupos más vulnerables a una canasta alimentaria básica mínima para sobrevivir y, con ello, crecerá la presión social y política contra el gobierno en turno.

¿Y DÓNDE ESTÁ EL GOBIERNO?: la principal tarea del gobierno en turno durante los conflictos armados, es asumir la responsabilidad inmediata de llamar a su gabinete en materia hacendaria, agropecuaria y de economía para valorar las necesidades a corto y mediano plazo de alimentos y cerciorarse de la capacidad productiva junto con las reservas alimentarias que se tienen; acto seguido, diseñar e instrumentar las políticas esenciales para rehabilitar los sistemas de riego, esquemas de financiamiento, sistemas de transporte, almacenamiento y distribución de alimentos. Ninguna autoridad responsable debe exponerse a que su población quede sin alimentos, agua y servicios de salud. Por citar, lo más indispensable.

FALTA DE EXPERIENCIA: las generaciones actuales, en la gran mayoría de los países, no hemos experimentado en carne propia lo que significa un racionamiento de alimentos, a lo más, hemos tenido que comprar alimentos básicos a precios elevados, pero tales condiciones pareciera que están a punto de cambiar aceleradamente. Por ello, es necesario que la autoridad competente despierte ya, y que junto con iniciativa privada, campesinos, productores y expertos del sector agroalimentario comiencen a visualizar e internalizar el significado de palabras como racionamiento, escasez, necesidad, hambre, desnutrición, entre otras.

EL EJEMPLO ES CUBA: guardando las respectivas proporciones con otros países, el gobierno cubano no está a punto de caer por la corrupción de sus gobernantes o por el bloqueo estadounidense, sino porque su gobierno abandonó casi totalmente la producción de alimentos; ello, bajo la falsa premisa que la Unión Soviética sería eterna y que, siempre estaría subsidiando sus carencias domésticas; pero la historia y el tiempo no perdona a los gobiernos indolentes y, el 25 de diciembre de 1991, la Unión Soviética cayó, trayendo consigo hambre a los diez millones de cubanos de ese entonces.

Hasta la caída del bloque soviético, el Consejo de Ayuda Mutua Económica -COMECON- creado en 1949 subsanó las carencias de insumos, combustibles y alimentos, mientras que su economía agroalimentaria se volcaba a producir solamente azúcar, alcanzando cifras de hasta 10 millones desde los setenta. Finalmente, el abandono del sector alimentario cobró el precio con la gran hambruna que se vivió entre 1992 y 1993. La escasez alimentaria, trajo como consecuencias desnutrición, aumento de enfermedades y mortalidad asociadas a la baja ingesta de nutrientes.

Hay que remarcar, lo peligroso que es abocarse al monocultivo, pues las estadísticas hasta 1959 reportan gran diversidad de productos alimenticios, destacando la producción de azúcar, bananos, yuca, malanga, café, cítricos, piña, mango, guayaba, carnes de cerdo, pollo, pescado y res, principalmente; sin embargo, este abanico alimentario cambió inmediatamente al instaurarse el gobierno revolucionario; ciertamente, el bloqueo económico estadounidense contribuyó a ello, pero no explica por sí solo el abandono ingenuo en que cayó el gobierno cubano; pues, tres décadas después pagaría con creces este descuido al caer en una de las peores crisis alimentarias del siglo XX; lo peor fue, que en lugar de reactivar la producción interna, se optó por dejar seguir dependiendo del exterior para alimentarse, a tal punto, que nuevamente a partir del año 2023 a la fecha, la crisis alimentaria regresó con mayor impacto, agravada por la inflación y apagones eléctricos.

Cuba es, el vivo ejemplo de que favorecer al monocultivo implica más temprano que tarde perder toda seguridad alimentaria. Las números no miente, la isla, en la década de los ochenta la importación de alimentos alcanzó el 70 por ciento y 80 por ciento en el 2025; importaba el 90 por ciento del frijol, 100 por ciento de los cereales y casi 50% del arroz; con estos indicadores tan desastrosos en materia alimentaria, la extinción de la URSSS -y del COMECON- no pudieron llegar en peor momento para la población y sus gobernantes y; Estados Unidos, su peor adversario, se convirtió en su principal proveedor de pollo, res, leche, cereales, café, entre otros productos.

LA CAIDA EVIDENTE: en las condiciones que viven Cuba, sinceramente no se necesita que Estados Unidos los invada o realice alguna extracción contra sus líderes, pues, por humanidad el gobierno cubano está soltando los hilos internos y externos para que suceda una transición política lo más pacífica posible, que les permita sostener sus privilegios, aunque sea fuera de la isla.

Por otra parte, los hechos demuestran, que Rusia no tiene interés de mantener esa posición geoestratégica, pues no se le mira acercando alimentos, medicinas, servicios técnicos y demás para oxigenar a la isla y evitar que su evidente caída.

RETOS: si el gobierno mexicano revisara puntualmente estos acontecimientos y los cruzara con la realidad económica y política interna, ya estaría preocupado y ocupado alineando sus políticas domésticas para responder asertivamente a las expectativas internacionales, que se vislumbran como convulsiones económicas, crisis políticas, violencia e inseguridad y pérdida de soberanía. En estas circunstancias, es preciso reactivar la producción interna agroalimentaria y de medicamentos, asegurando servicios básicos de agua y de salud para sostener la nutrición y la salud de los más de 130 de millones de mexicanos.

Además, es pertinente señalar que México está viviendo sus propios conflictos armados, representando serios problemas para reactivar la producción agroalimentaria de forma inmediata, pues la federación no sólo carece de políticas agroalimentarias y apoyos a la producción, sino que, los principales estados productores de alimentos están viviendo sus propios conflictos armados, es el caso de Sinaloa, Jalisco, Michoacán, entre otros. Dichos conflictos han venido afectando de forma profunda y sostenida, la capacidad productiva de esas entidades; exigiendo que, antes de reactivar la producción agroalimentaria, el gobierno deberá pacificar esas regiones.

Por donde se quiera ver, el campo mexicano está enfrentando una de sus peores crisis de los últimos cien años, pues a la falta de créditos, apoyos, tecnologías, infraestructura, investigación, precios justos y más, sume usted la violencia extrema que asesina y desplaza a miles de campesinos y productores. (carmgal@yahoo.com).

Fuente: ICRC.

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