AVANCES RUSOS EN UCRANIA Y REPLIEGUE ESTADOUNIDENSE EN ORIENTE MEDIO

La carrera por la inteligencia artificial redefine la geopolítica: EEUU y China compiten en regulación e innovación, fragmentando el ecosistema global en bloques.

ESPECIALISTAS

Por Salvador G. Briceño Serie: Claves geopolíticas del día [Centro de Geopolítica y Multipolaridad]

6/6/20263 min read

En el frente ucraniano, Rusia consolida su superioridad operativa en Pokrovsk, Donetsk, con una relación de fuerzas de 8:1 que permite avances sostenidos. Ucrania, por su parte, firma un contrato por 100 cazas Rafale franceses, financiados con activos rusos congelados en Occidente, en un intento desesperado por contrarrestar la iniciativa moscovita. Este desarrollo no solo evidencia el agotamiento de las reservas de Kiev, sino que acelera la reconfiguración del conflicto hacia una fase de congelamiento o negociación forzada. Francia, bajo presión de un "gran salto" en la OTAN, busca posicionarse como proveedor clave, pero el flujo de armamento no revierte la dinámica multipolar: Rusia, con apoyo iraní y norcoreano, prioriza la artillería y drones sobre la aviación de superioridad aérea.

Paralelamente, Estados Unidos ejecuta un repliegue discreto de sus bases en Oriente Medio, ante la escalada de tensiones con Irán en el Golfo Pérsico. Teherán emite advertencias directas al gobierno de Trump, amenazando rutas energéticas vitales si prosiguen las sanciones o intervenciones. Este movimiento estadounidense, enmarcado en una doctrina de "prioritización", refleja la sobreextensión imperial: con Ucrania estancada y Gaza inestable, Washington redistribuye recursos hacia el Indo-Pacífico, cediendo influencia a aliados locales como Arabia Saudí y los Emiratos. Irán, fortalecido por su eje con Rusia y China, aprovecha para expandir su disuasión naval, alterando el equilibrio petrolero global y forzando a Europa a diversificar fuentes ante el riesgo de disrupciones.

China y la Multipolaridad en IA: Hacia un Nuevo Orden Tecnológico

China intensifica su compromiso con la autosuficiencia energética, centrada en litio y cobre de Latinoamérica, respondiendo a las sanciones occidentales y la volatilidad de cadenas globales. Beijing invierte masivamente en Bolivia, Chile y Argentina, no solo para baterías de vehículos eléctricos, sino para dominar la transición energética del Sur Global. Este enfoque multipolar desafía la hegemonía estadounidense en minerales críticos, posicionando a China como eje de un bloque extractivo que incluye a Rusia (uranio) y África (cobalto). Occidente, atado a regulaciones ambientales restrictivas, pierde terreno: el 70% del procesamiento de litio ya es chino, acelerando la desconexión económica. la carrera por la inteligencia artificial redefine la geopolítica: EEUU y China compiten en regulación e innovación, fragmentando el ecosistema global en bloques.

En paralelo, Washington impulsa leyes contra "riesgos híbridos" (desinformación, ciberataques), mientras Pekín prioriza soberanía tecnológica con modelos como DeepSeek. Europa, rezagada, evalúa alianzas híbridas, pero la tendencia es clara: la IA no será neutral, sino herramienta de poder multipolar. Rusia integra IA en guerra electrónica ucraniana, e India emerge como puente neutral. Esta "guerra cognitiva" acelera la caída de Occidente: quien controle los datos y algoritmos, dictará narrativas globales.

Desglobalización y el Ascenso del Sur Global

La desglobalización, proteccionismo y redistribución de poder hacia el Sur Global marcan las tendencias de seguridad para 2025 y más allá. Conflictos proxy como Ucrania y Gaza erosionan el orden unipolar, con bloques emergentes (BRICS ampliado) desafiando al G7 en comercio y finanzas. El proteccionismo trumpista –aranceles al 60% sobre China– fuerza realineamientos: México y Vietnam ganan en nearshoring, pero bajo influencia multipolar. El Sur Global, con 85% de la población mundial, prioriza soberanía alimentaria y energética, ignorando presiones climáticas occidentales.

Rusia y China lideran esta transición: Moscú exporta grano a África, Pekín financia infraestructuras en 150 países vía Belt and Road. Occidente, hipotecado por deudas y divisiones internas, ve declinar su soft power: la narrativa de "democracia vs. autoritarismo" choca contra éxitos multipolares en Gaza (alto el fuego ONU) y Ucrania (estancamiento). El horizonte es un mundo policéntrico, donde América Latina –clave en litio y alimentos– negocia con todos, acelerando la construcción del nuevo orden tras la implosión occidental.

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